La producción textil de La Palma fue, durante los siglos posteriores a la conquista, una de las principales actividades económicas. Los tejidos de lino, seda y lana (el algodón es muy posterior) sostuvieron las rentas insulares hasta principios del XVII.
La progresiva mecanización y el retroceso de las labores agrícolas arrinconaron estas prácticas hasta casi hacerlas desaparecer durante el siglo XX. Sin embargo, el bordado siguió siendo una importante actividad complementaria para las familias más humildes, que han conseguido mantener vivas estas técnicas centenarias hasta nuestros días. De su antigüedad da fe el rico vocabulario, sembrado de arcaicos portuguesismos, que acompaña esta labor sufrida y marcadamente femenina.
El bordado indefinido
El bordado indefinido se distingue por la utilización de hilos de color en la creación de intrincados dibujos, que mediante la variación gradual del color producen suaves degradados que aportan un relieve y una textura muy especial. Tanto la diversidad cromática como la de los diseños permite dar rienda suelta a la creatividad de las bordadoras, y así es posible encontrar desde motivos naturalistas, flores especialmente, a figuras humanas, reproducción de obras de arte, paisajes o elementos arquitectónicos.
El bordado reichi y realce
Los bordados son uno de los estandartes de la artesanía de La Palma. De las manos de las bordadoras nacen auténticas obras de arte, y cada una de ellas es única por tanto por la calidad del trabajo como el tiempo que se emplea en su realización. Los bordados tipo «reichi» suelen realizarse sobre tejidos de color blanco o beige, y se distinguen por el uso de presillas que unen un motivo con otro en una continuidad armónica. En el tipo «realce» se rellenan los motivos de manera que adquieran relieve. Se pueden encontrar ambos tipos de bordado en una misma pieza.