Casas populares en La Palma
Un paseo histórico por las viviendas de la isla, desde las cuevas de habitación anteriores a la conquista a las viviendas tradicionales del campesinado, hoy rehabilitadas para el turismo rural.
Los aborígenes auaritas , que fueron los primeros en establecerse de forma permanente, apenas han dejado restos de su arquitectura doméstica. La mayoría de ellos elegía cuevas naturales, como las que podemos encontrar en el yacimiento arqueológico de Belmaco . Como construcciones artificiales sólo nos han legado por tanto los cimientos de algunas cabañas bastante rudimentarias, como las que podemos encontrar en El Paso. Se trata de construcciones con muros de piedra seca de unos tres metros de altura, cuya única decoración es una pequeña hornacina opuesta a la entrada.
Con posterioridad a la conquista, sin embargo, la mayoría de casas populares de la isla siguieron usando la piedra volcánica como el elemento constructivo básico. Sólo en algunas partes, y si las posibilidades económicas del propietario lo permitían, se utilizaban también otras materias primas más sofisticadas, como la tea u otras maderas nobles. Los únicos sillares labrados eran a menudo las esquinas o crucetas, mientras que el resto de bloques quedaban expuestos a la pericia del paredero, que trataba de engarzar unas con otras sin apenas desbastarlas.
Si sus habitantes no eran demasiado humildes, a las paredes exteriores se le solía aplicar una capa de engarrafado (el característico revestimiento blanco conseguido con barro, arena y cal). Finalmente, el recubrimiento más habitual de la estructura era un tejado a cuatro aguas, vestido con tejas curvas de barro y que descansaba sobre un artesonado interior de madera. A grandes rasgos, podemos decir que estos son los elementos básicos de la vivienda popular en La Palma , cuyo modelo ha subsistido sin apenas cambios hasta bien entrado el siglo XX.
Sobre este canon se aplican modificaciones puntuales, que en algunos casos guardan relación con el entorno. Así, en algunas casas del noroeste se abandonan las tejas en beneficio de tiseras horizontales de madera de tea, más ligeras y fáciles de conseguir en zonas forestales. Mientras, en otras viviendas se opta por la colocación de alpendres o colgadizos soportados por columnas de madera, que ayudan a proteger la fachada (pensemos por ejemplo en La Carnicería , un punto de venta de artesanía ubicado en una vivienda tradicional de Breña Baja).
Un caso particular son las casas sobradadas o de dos plantas, menos corrientes que las terreras o de planta única. El piso inferior o lonja se utilizaba en estas viviendas como almacén, mientras que en el superior se ubicaban los dormitorios. Se trata de la misma separación funcional de los espacios que se intentaba lograr en las casas terreras con planta en forma de L. A menudo la decisión de utilizar una u otra dependía tanto de las características del terreno como de la capacidad económica de sus propietarios. Fuera del módulo principal se ubicaban a veces la cocina y más frecuentemente el baño, en el caso de que pudiera disponerse de uno. El aljibe , o depósito de agua, es otro de los añadidos externos a la vivienda en el medio rural, cuya labor se complementaba a menudo con acanaladuras de tea.